Boston (Massachusetts)
Es la segunda del diario por entregas en el que Álvaro Suite, guitarrista de Bunbury en 'Las Consecuencias Tour 2010', nos cuenta las andanzas de la banda por Estados Unidos. Atento, que el viaje ya ha comenzado, y cómo
MAMA KIN
BOSTON (MASSACHUSETTS) – 09/05/2010
Para ser sincero he de decir que el show de anoche fue el peor que he dado en mi jodida vida, era como si fuera otro el que estaba tocando y no pudiera hacer nada por apartarlo del escenario y encargarme de ese desastre. Pasé un rato horrible.
Viniendo del espectáculo mayúsculo que ofrecimos en New York, lo de Boston es para pegarse un tiro. Además, el público se mostró un poco frío cuando salimos al escenario.
Ya se notaba algo en el ambiente cuando a la señal de “apagamos luces, repito, apagamos luces” de Musti, no le siguió el huracán de gritos que siempre provoca en el público.
Eran las 7 de la tarde y Boston acababa de vivir un día espléndido de lluvia y frío. Su equipo, los Red Sox, se batían en duelo contra otro equipo en las semifinales de ese deporte tan aburrido que es el béisbol. Además el equipo de basket, Los Celtics, del cual es fan Robert desde pequeño, también se batió en duelo ayer. Así que está siendo un fin de semana movido en la ciudad. Las calles están a reventar y la radio avisa del corte de algunas calles céntricas durante las horas previas al partido.
Hay emoción. El House Of Blues está en una de esas calles.
Después de un rato intentándolo, consigo por fin conectarme vía Skype con mis amores, mi Morenita y mi hija Lola, y les cuento un poco por encima los últimos sucesos en América.
Siempre es un gustazo ver a esas dos bellezas en casa, con mis discos de fondo y sus ropas de siempre; me recuerdan que tengo un hogar al que volver y que todo esto no es una aventura sacada de la biografía de algún ídolo de masas; me ponen los pies en el suelo y me hacen más profesional. Unos minutos antes de la prueba de sonido me despido con pena de ellas.
Este es un House Of Blues moderno, dicen que el más grande de USA, y el más grande. Aquí en Boston se abrió el primero de los 12 que hay repartidos por el país, que fundaron Dan Aykroyd y uno de los socios de Hard Rock Cafe en noviembre de 1992. El local suena de cojones y tiene infraestructura de primera calidad. Tiene buena pinta.
Este donde tocamos hoy es una especie de ampliación del primero, en el que sólo cabían unas 150 personas. Hoy vendrán unas 400 a nuestro concierto y la sala se verá casi vacía.
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Ha sido una prueba de sonido limpia, eficaz y rápida. Hemos probado los cambios que Enrique ha propuesto para el repertorio de esta noche y le hemos dado un repaso a la nueva adaptación de El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás que improvisamos la segunda noche en New York. Es fantástica. Tiene una intro muy John Lee Hooker que te pone los pelos de punta, y arranca con todas a partir del solo de MENA. Es brutal y la vamos a tocar esta noche por segunda vez.
Sin darnos ni cuenta ya nos queda menos de una hora para que empiece el show, y en la calle aún se escuchan los vestigios de un partido fatídico para los locales. Mal asunto.
Suena sintonía y aún no tengo cuerpo de bolo. Ninguno lo tenemos. Es una sensación extraña que no nos da muy buena espina. Pero venimos a mostrarles a los presentes nuevas canciones y algunas de las antiguas, y queremos que sepan que somos la mejor banda de rock del momento, y que los latinos se traigan a sus yankis para mostrarles lo que se hace fuera de sus fronteras, y que se conviertan en nuevos adeptos. ¡Venimos a trabajar, joder!
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Pero en el mismo momento en el que piso el escenario siento que me falta algo que nunca me había faltado; ganas. No tengo ganas de tocar hoy. Pero las tenía desde que terminamos el último bolo. Es muy raro y desconcertante estar tocando una canción sin escucharla y meditando profundamente sobre cosas que nada tienen que ver con lo que estoy haciendo.
Para colmo técnicamente está siendo un desastre absoluto. Donde hay que pisar un pedal piso otro, y cuando hay que tocar un acorde toco otro.
¡Pero qué cojones pasa! Venga, joder, vamos a levantar esta mierda que si no me voy a arrepentir cuando sea tarde. Me dan mucha rabia este tipo de situaciones en las que la impotencia me supera y me roba el control de mis propias acciones.
Por suerte el público se va calentando hasta alcanzar el nivel habitual, y a Enrique y al resto de Los Santos Inocentes no parece que les vaya tan mal. Al menos sólo soy yo el que la caga, y el resto me están salvando el culo. Esto es una banda, sí señor.
Después del show mi cabeza no está para alegrías ni para felicitaciones, así que me derrumbo en el sofá del camerino mientras los demás se preparan unos pelotazos y preparan los avíos necesarios para una fiesta en el bus de Enrique y Jose (su novia).
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La noche ha sido brutal. No muy larga pero terriblemente intensa. De hecho nos hemos cargado los bafles del bus por volumen atronador que gastábamos mientras hacíamos de los sofás nuestra pista de baile. Ha estado genial.
Claro, al despertar he sufrido un grave dolor de cabeza que me ha mantenido con las manos en la frente hasta que he tenido que mirar al reloj. Por la noche leones y por la mañana maricones, no?
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Poco a poco nos vamos reuniendo a la salida de nuestras habitaciones con una misma intención: buscar un lugar donde alimenten a 9 desalmados con restos de maquillaje resaltando unos ojos que no dan a lugar a dudas. Me la suda, tengo un hambre horrible.
Hoy es el Día de la Madre aquí en USA, y las calles vuelven a estar llenas de gente rebosante de júbilo y salud. Un fin de semana ajetreado para los ciudadanos de Boston.
Yo voy a dedicar el resto de la tarde a pensar en mis madres: la mía y la de mi hija.
Las extraño mucho.

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